La serie constaba de 17 capítulos en su primera temporada y de 26 en la segunda. Tuvo una excelente aceptación de los televidentes y su éxito le brindó una segunda saga en 1968, con igual respuesta del público. Contribuyó a este éxito el eco creado en 1938 por la emisión del programa radial de La guerra de los mundos, con la voz de Orson Welles, que abrió el apetito social por este género de Ciencia Ficción enfocado en capitalizar la paranoia social presente en el momento; también influyeron los eslóganescon que comenzaba cada capítulo.
Un arquitecto llamado David Vincent es el único testigo del aterrizaje de un ovni que resulta ser una nave de extraterrestres. Tras contar el acontecimiento, David es considerado loco por la mayor parte de la gente y decide iniciar una persecución como un héroe solitario que intenta desenmascarar a los seres invasores, quienes parecen ser personas normales que conviven con los humanos sin llamar la atención pero cuyo fin es adueñarse del planeta Tierra. Los extraterrestres son semejantes en apariencia a la especie humana salvo por una frecuente rigidez característica del dedo meñique que les impide doblarlo, la ausencia de latidos cardíacos (no poseen corazón o cualquier otro tipo de órgano humano) y su forma de morir, vaporizándose al instante en medio de una luz rojiza dejando sólo cenizas de celulosa a menos que padezcan cierta enfermedad transmisible por el tacto, en cuyo caso se produce su congelación. Estos seres deben regenerarse cada cierto tiempo en unas cápsulas especiales para no ser incinerados por el oxígeno en la atmósfera.
Los invasores saben que sólo hay un hombre que sabe toda la verdad, David Vincent, y tratarán de eliminarlo a toda costa antes de que los descubra ante un mundo incrédulo.
La serie tuvo la característica de que en cada capítulo, David Vincent demostraba y convencía a cierto núcleo de personas de que lo que el decía era la verdad, haciéndose de aliados que luego, en capítulos subsecuentes, lo ayudaban en su lucha contra los invasores.
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